La contradicción de vivir [POEMA]

La contradicción de vivir [POEMA]

Que no te domine el rencor

Mencionaba quien la desigualdad

Por falto de amor

Hacía vista ciega a la solidaridad

 

La vida está llena de contradicciones

Como cuando decimos renovar nuestra mente

Enjuiciando quien cree en el amor hecho acciones

Perpetuando el egoísmo permanente

 

El miedo es el rey de esta monarquía

Miedo al pobre, al otro, al pasional, al pensante

Miedo al amor que conduce a la autarquía

Que quita las vendas de la mentira dominante

 

Viva la meritocracia

Repite el discurso de la demagogia

Mientras predica de la gracia

Que le enseñó su maestro Borgia.

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Revolución de Mayo

LA VETA

La Revolución de Mayo, fue para Argentina, una serie de acontecimientos revolucionarios que llevaron a derrocar al virrey del Río de la Plata y reemplazar al gobierno por una Primera Junta. Esta serie de acontecimientos desembocaron en una independencia de la metrópolis, España, dejando la soberanía del poder en manos de criollos, donde debían decidir el modelo de gobierno a seguir.

Por distintos motivos -extensos de analizar para una entrada de un blog- dejamos de tener una dependencia del poder de Europa, pero seguimos -hoy en siglo 21- siendo dependientes en nuestro ser y en nuestro saber de Europa -y el agregado de Estados Unidos- donde los gobiernos argentinos han sido una y otra vez interrumpidos por los intereses de los grandes capitales del hemisferio norte, que han derrocado gobiernos y han elegido gobernantes que reconozcan la soberanía y guarden los intereses de estos prestamistas internacionales, quienes ejercen hegemonía mediante el préstamo de…

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Cristianismo post-apostólico. Parte II

Surgimiento de los papas

Fue durante “la era de las tinieblas” cuando el papado comenzó a surgir con la pujanza que lo caracterizó siglos posteriores.

El término “Papa”, que hoy se emplea en el Occidente para referirse exclusivamente al obispo de Roma, no siempre tuvo ese sentido. La palabra, en su sentido etimológico, no quiere decir sino “papá” y es por tanto un término de cariño y respeto. En la época antigua, se le aplicaba a cualquier obispo distinguido, sin importar si era o no el obispo de Roma. Además, una vez reservado el término para el obispo romano, en varias partes de la Iglesia oriental se continuó utilizando con liberalidad. En todo caso, la cuestión más importante no es el origen del término, sino el modo en que el Papa de Roma llegó a gozar de la autoridad que tuvo durante la Edad Media en la Iglesia Católica Romana.

Los orígenes del episcopado romano se pierden en las sombras de la historia. La mayor parte de los historiadores –tanto católicos como protestantes– concuerdan en que Pedro estuvo en Roma, incluso en que haya muerto allí durante la persecución de Nerón. Pero no hay documento alguno que diga que Pedro transfirió la autoridad apostólica a sus sucesores.

Además, las listas antiguas que nombran los primeros obispos de Roma no concuerdan entre sí. Mientras algunas dicen que Clemente sucedió directamente a Pedro, otras dicen que fue el tercer obispo luego de la muerte del apóstol. Esto, a su vez, ha llevado a algunos historiadores a pensar que quizá al principio no había en Roma un episcopado monárquico (es decir, un solo obispo), sino más bien un episcopado colegiado (es decir, un presbiterio que conjuntamente dirigía la vida de la Iglesia).

Durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, el centro del cristianismo estuvo en el Oriente y, por lo tanto, los obispos de ciudades tales como Antioquía y Alejandría tenían mucha más importancia que el obispo de Roma. Y, aun en el Occidente de habla latina, la dirección teológica y espiritual del cristianismo no estuvo en Roma, sino en el África latina, que produjo a Tertuliano y Agustín de Hipona.

Esta situación comenzó a cambiar cuando el Imperio Romano aceptó al fe cristiana. Puesto que Roma era –al menos nominalmente– la capital del Imperio, la Iglesia y el obispo de esa ciudad pronto lograron gran relieve. En todo el Imperio, la Iglesia comenzó a organizarse siguiendo patrones trazados por el Estado y las ciudades que tenían jurisdicción política sobre una región pronto tuvieron también jurisdicción eclesiástica. Luego, la Iglesia quedó dividida en cinco patriarcados, a saber: los de Jerusalén, Antioquia, Alejandría, Constantinopla y Roma. La existencia del patriarcado de Constantinopla (una ciudad que ni siquiera existía como tal en los tiempos apostólicos) muestra que esta estructura respondía a realidades políticas más que a orígenes apostólicos. Y el carácter casi exclusivamente simbólico del patriarcado de Jerusalén, quien podía reclamar para sí aún más autoridad apostólica que la propia Roma, muestra el mismo hecho.

Cuando los bárbaros invadieron el Imperio, la Iglesia de Occidente comenzó a seguir un curso muy distinto a la de Oriente. En el Oriente, el Imperio siguió existiendo y los patriarcas continuaron supeditados a él. Mientras tanto, en el Occidente, el Imperio desapareció y la Iglesia terminó siendo guardiana de lo que quedaba de la vieja civilización. Por lo tanto, el patriarca de Roma –el Papa– llegó a tener gran prestigio y autoridad.

patriarcados

Mat 23:9 “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos”.

 

Disputa de Concilios

El objetivo de esta parte es poder entender cuáles fueron los dogmas, las enseñanzas y las doctrinas que preponderaban en la época y contra cuáles fueron los reformadores.

Las controversias en cuanto a Cristo tenían profundas raíces en diversos modos de ver la fe cristiana. En Oriente, pueden describirse dos posiciones referidas a las dos grandes ciudades que desde tiempos antiguos habían sido los principales centros de actividad teológica: Antioquía y Alejandría.

En Alejandría –al menos desde fines del Siglo II– los teólogos cristianos habían interpretado su fe a la luz de la tradición platónica. Para ellos, lo importante era descubrir las verdades eternas, de igual modo que Platón había intentado conocer el mundo de las ideas inmutables. El cristianismo era, ante todo, la verdadera filosofía, superior al platonismo. No porque fuera distinto de él, sino porque lo superaba. La Biblia era un conjunto de “alegorías” en las que el lector avisado podría descubrir las verdades eternas. Desde este punto de vista, al tratar acerca de la persona de Jesucristo, lo que les importaba a los teólogos alejandrinos era Su función como maestro de las verdades eternas, como la revelación del Padre inefable. Su humanidad no era sino el instrumento mediante el cual los teólogos alejandrinos subrayaban la divinidad de Jesucristo.

En Antioquía el cristianismo era visto de otro modo. Esta se encontraba junto a Palestina y, tanto en la ciudad como en sus alrededores, había numerosos judíos que constantemente servían de advertencia a los cristianos, recordándoles el sentido histórico y literal de las escrituras. Las tierras en que Jesús había vivido y caminado estaban cerca y, por lo tanto, no era posible prescindir del Jesús histórico o relegarlo a un segundo plano. Además, desde tiempos antiquísimos, los intérpretes antioqueños habían visto la Biblia no como un conjunto de alegorías, sino como una narración que contaba las relaciones de Dios con su pueblo y su creación. Para ellos, esto era más importante que las verdades eternas. Lo que Jesucristo había venido a hacer no era tanto revelarnos principios antes desconocidos, como iniciar una nueva era con nueva humanidad. Para la Iglesia, desde esta perspectiva, al tratar acerca de la persona de Jesucristo lo importante no era su función como maestro de verdades eternas o como revelación del Padre inefable, sino Su realidad histórica, Su humanidad como la nuestra. El mensaje cristiano consistía precisamente en que, por medio de Jesucristo, Dios se había unido a la humanidad. Por tanto, los teólogos antioqueños se sentían obligados a rechazar toda interpretación de la persona de Cristo que de un modo u otro negara u ocultara la realidad de Su humanidad.

Ahora haremos un breve repaso de los diferentes Concilios y de las determinaciones que se tomaron.

  • Concilio de Nicea (325) – Concilio convocado por Constantino para condenar y deponer a Arrio. (Elarrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas expuestas por Arrio, un presbítero de Alejandría, probablemente de origen libio). Algunos de sus discípulos y simpatizantes colaboraron en el desarrollo de esta doctrina teológica, que sostenía que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo.
  • Constantinopolitano I (381) – Convocado por Teodosio I; Condenaron a los que negaban la divinidad y la consubstancialidad del Espíritu Santo.
  • Éfeso (431) – Convocado por Teodosio II, condena y depone a Nestorio, quien negaba la maternidad de María. (Decía que María era madre de Jesús, pero no era la madre de Dios).
  • Calcedonia (451) – Convocado por el emperador Marciano, define la existencia en Cristo de dos naturalezas, condenando al monofisismo. (difisismo era la creencia de que en Cristo estaba la naturaleza divina y humana, y monofisismo la creencia de que la naturaleza divina consumía la humana).
  • Nicea II (787) – Convocado por la emperatriz Irene, condenaba a los iconoclastas, defendiendo la legitimidad del culto a las imágenes (esto es, a quien destruye pinturas o esculturas sagradas permitiendo la adoración a los mismos).
  • Letrán II (1139) – Convocado por el papa Inocencio II, se refiere a cuestiones disciplinares: Simonía, Usura y nicolaísmo. (Hace referencia a la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales, como lo que condenan los apóstoles a Simón el mago).
  • Constanza (1414-18) – Convocado por Gregorio XII, está íntimamente unido al cisma de Occidente. En él se condenan las doctrinas de Wiclif y Hus.

¿Qué sucede en cada uno de estos Concilios y a dónde derivan? Por una cuestión de necesidad y por haber estado la Iglesia en medio de un orden feudal, en el que el poder político estaba descentralizado (es decir, sin una figura principal como reyes o monarcas) la Iglesia Católica ocupó ese lugar, ya que la institución eclesiástica estaba netamente centralizada en la figura del Papa.

Al ser la institución central del Medioevo, llevará a la Iglesia Católica a cometer distintos abusos sobre la sociedad: herejías doctrinales radicalmente opuestas a las escrituras, indulgencias, corrupción etc., lo que finalmente derivará en la Reforma Protestante.

En la próxima entrada leeremos sobre los primeros reformadores.

“Cristianismo post-apostólico”

Este es el trayecto de cómo comenzó la historia del Hijo de Dios hecho Hombre, crucificado y resucitado por nuestras deudas para librarnos de la muerte y enfermedad, y acercarnos de vuelta al Padre; y, también de cómo aún se sigue escribiendo.

“Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí”.  Isaías 6:8

Los cristianos que en Hechos 6 se llaman “griegos” eran, en realidad, judíos que sentían cierta simpatía hacia algunos elementos de la cultura griega. Puesto que fue contra estos cristianos que primero se desató la persecución en Jerusalén, fueron ellos los que primero se esparcieron por otras ciudades, por tanto, fue a ellos que se debió la llegada del mensaje de Cristo a esos lugares.

Cabe recordar que entre los Siglos I, II y III el Imperio Romano estaba en su máximo apogeo, tenía un vasto territorio y una muy buena red de caminos; mientras que Palestina se encontraba en una encrucijada entre dos importantes senderos comerciales (el que unía Egipto con Mesopotamia y el que conectaba Arabia y Asia menor), lo cual facilitó la trayectoria de los viajes con la finalidad de predicar a Cristo.

Según Hechos, los primeros viajes se dieron en “las tierras de Judea y Samaria”, luego llegaron a Damasco (donde Pablo se convierte en seguidor de Cristo) y después se esparcieron  mucho más allá, a ciudades como Fenicia, Chipre y Antioquía.

También llegaron a ciudades como Éfeso, Corintio y Cirene, hasta que en un momento se les prohibió predicar el Evangelio en Jerusalén y se trasladaron a Antioquía (ciudad que luego sería determinante para el cristianismo e, incluso, fue el lugar en donde se les colocó el nombre de “cristianos” a los que decían seguir a Cristo). Se dice que antes de que Pablo llegara a Roma, alguien ya había ido a predicarles y había formado una iglesia muy grande (a la que luego Pablo le escribió la Carta a los Romanos).

Desde sus inicios, la fe cristiana no fue cosa fácil. El propio Señor a quien los cristianos servían había muerto en la Cruz, condenado como un malhechor cualquiera. Y –como ya sabemos– Esteban sufrió una muerte semejante al ser apedreado hasta la muerte tras su testimonio ante el concilio de los judíos. Algún tiempo después, el apóstol Santiago era muerto por orden de Herodes. Y, a partir de entonces hasta nuestros días, nunca han faltado quienes se han visto en necesidad de sellar su testimonio con su sangre.

No alcanzarían los renglones para escribir los lugares a los que los apóstoles comenzaron a viajar y en los que formaron discípulos, así como habían sido discipulados por Jesús. Ellos replicaron ese diseño.

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A medida que el Evangelio se expandía por todo el mundo conocido en aquel entonces, empezó a haber algunas controversias entre los que practicaban la fe cristiana y la cultura pagana de los territorios donde se predicaba. ¿Por qué? Puesto que se les acusaba a los cristianos de ser gente bárbara e inculta, los mismos se vieron obligados a discutir las relaciones entre su fe y el paganismo. Naturalmente, todos en la Iglesia concordaban en que todo aquello que se relacionara con el culto de los dioses debía ser rechazado. Pero, al mismo tiempo, no todos estaban de acuerdo en cuanto a la postura que debía adoptarse con respecto a la cultura clásica pagana. Esa cultura incluía la obra y el pensamiento de “sabios” como Platón, Aristóteles y los estoicos, cuyas ideas han recibido la valoración de muchísimos hasta nuestros días. Rechazarla equivalía a resistir mucho de lo mejor que el hombre había producido. Aceptarla sería como una concesión al paganismo y como el comienzo de una nueva idolatría. Ante esta alternativa, los cristianos de los siglos segundo y tercero siguieron dos caminos. Por una parte, algunos no veían sino una oposición radical entre la fe cristiana y la cultura pagana; “¿Qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? O ¿Qué tiene que ver la Academia con la Iglesia?” (Tertuliano). Por otro lado, no todos adoptaban esa postura negativa hacia la cultura pagana. Algunos veían puntos en común entre el cristianismo y la filosofía pagana. Por ejemplo, los mejores filósofos hablaron de un ser supremo que se encontraba por encima de los demás seres y del cual todos derivan su existencia.

Esta discusión se dio durante los primeros siglos, pero luego se terminaron incorporando muchas prácticas del paganismo, tal es así que varios filósofos cristianos como Agustín de Hipona o Tomas de Aquino se consideraban a sí mismos platónicos o aristotélicos. Con el correr del tiempo, la mayoría de las prácticas eclesiásticas no obtenían su origen en la fe cristiana, sino en las prácticas paganas.

Antes de adentrarnos en el contenido en sí, es menester hacer un revisionismo histórico para luego comprender ante qué se rebelaron los reformadores, por qué era necesaria la reforma y si aún la seguimos necesitando.

Por cuestión de no extenderme mucho en una sola entrada, continuaremos en el próximo blog, sobre cómo se llegó al papado y a los primeros concilios. La idea fue simplemente tener una concepción mínima de qué fue lo que sucedió con el cristianismo después de la biblia.

La Iglesia y la sociedad distópica

Una sociedad utópica es aquella que es perfecta, en donde todo es idílico; paz, amor, orden, sin pobreza, etc. Mientras que una sociedad distópica es lo contrario. Aldous Huxley describe esta última en un libro de ciencia ficción.

El libro “Un mundo feliz” de Aldous Huxley trata de una sociedad futurista, estéril y controlada, conocida como “Estado Mundial”. En ella las personas existen en pro de la comunidad y funcionan como consumidores y trabajadores, lo que mantiene la economía sólida y estable. Para el correcto funcionamiento de la sociedad están las castas. En esta sociedad, no hay preocupaciones, ya que esta gira alrededor de una droga que genera placer y, así, provoca la evasión de la realidad. Por ende, la sociedad solo se ocupa del rol que le corresponde dentro de su casta, escapando de la realidad por medio del placer.

¿Qué tiene que ver esta ficción con la realidad? Huxley plantea que en su sociedad distópica no habría necesidad de prohibir libros, ya que nadie los leería. También teme que la sociedad llegue a un estado de sobreinformación que la haga caer en la pasividad y que la información que abunde sea irrelevante. Además, advierte que inevitablemente la sociedad caería en banalidades y simples distracciones.

Ya en “Nueva visita a un mundo feliz” (una recopilación de ensayos acerca de la novela, escritos por el propio autor) hay una frase que ilustra a la perfección la sociedad actual:

«No tienen en cuenta el casi infinito apetito de distracción del hombre».

Esta cita hace alusión a aquellos que buscan concientizar a las personas oprimidas por los distintos sistemas de manera constante. Por mucho que intente generar conciencia social, el ser humano busca el placer que lo haga escapar de la realidad. Por consiguiente, quien tiene el poder global es quien genera el placer.

¿Cómo perjudica a la Iglesia una sociedad así?

No debería. El cristianismo verdadero siempre fue una contracultura. En el cristianismo primitivo –el apostólico– todos murieron por ir en contra de la cultura predominante. En el cristianismo pos-apostólico, morían en los coliseos, como esclavos. En la Iglesia oriental, eran perseguidos por el Islam y, en la Iglesia occidental, por el catolicismo, que los acusaban de herejes. En períodos de la reforma protestante, por los poderes monárquicos y católicos.

Hoy, en plena sociedad de consumo, de sobreinformación, de la sociedad del placer constante, del desinterés: ¿Cómo debería responder la Iglesia?

Creo que muchas veces la respuesta que damos es parecida a la que dio el pueblo de Israel a Samuel cuando le exigía un Rey, como tenían el resto de las naciones. No era el diseño para ellos, Dios había establecido el gobierno de profetas, no de reyes.

«Mira, Samuel —le dijeron—, ya eres anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como lo tienen las demás naciones». (1Sa 8:5)

A lo largo de la historia, la Iglesia se fue corrompiendo al incorporar prácticas del paganismo a la Iglesia y naturalizarlas dentro del discurso eclesiástico. En pleno auge del humanismo y el individualismo, el mensaje del cuerpo y de la comunidad se transformó en un mensaje individualista donde Dios tenía “UN PROPÓSITO PARA TU VIDA”, cuando el propósito de Dios es para la Iglesia, para el cuerpo, y no para llaneros solitarios. Sin comunión con el cuerpo hay muerte.

Hoy, en plena sociedad del consumo, cuando abundan el desinterés por el prójimo, las verdades relativas, la fama, etc., la Iglesia volvió a tomar estos pensamientos que se habían interiorizado en ella. Cada uno “se preocupa por sí mismo”, desinteresado por el sufrimiento y el padecer de nuestros hermanos. Los libros que más se venden en las librerías cristianas son aquellos que nos motivan a prosperar nuestra economía, a obtener nuestra sanidad, nuestro crecimiento personal o material, promoviendo así una idea centrada en la mentalidad del consumo y el fetichismo materialista. Nos preocupan demasiado los títulos del pastor, apóstol, profeta o salmista, que bíblicamente nunca fueron títulos, sino roles dentro del cuerpo que no establecían jerarquías; pero, ante la necesidad de distinción de los hombres, los transformamos en roles meramente jerárquicos.

Como Iglesia debemos plantarnos ante esta cosmovisión adquirida.

-La Iglesia no fue pensada desde el individualismo, sino como cuerpo.

-La Iglesia no fue diseñada como lugar para obtener beneficios propios, sino para morir a nosotros mismos por el beneficio de nuestros hermanos.

-La Iglesia no está hecha para ser un medio para conseguir fama entre los hombres. La Iglesia es para darle fama a Dios en la Tierra.

-En la Iglesia no hay jerarquías. Ya que Cristo es la cabeza y el resto somos partes del cuerpo.

-La revelación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es la verdad absoluta; La Iglesia debe ser su representación en la Tierra.

Es mi deseo que podamos comprender el correcto funcionamiento de la Iglesia, generar inquietud y amor por la realidad actual del cuerpo de Cristo. Dios espera una Iglesia sin manchas y sin arrugas, esa Iglesia unificada. No por nada la última oración de Jesús -en Juan 17:21-26- fue destinada a mantener la unidad entre sus seguidores.

No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.  (Rom 12:2)

La esclavitud y el rol eclesiástico.

La esclavitud y el rol eclesiástico.

Los sociólogos, especialistas en derechos humanos, etc. se asombran de la proliferación de distintas clases de esclavitud moderna, son millones los que se encuentran sufriendo este flagelo, desde mujeres y niños esclavizados con fines sexuales, hasta los trabajadores clandestinos en países como China e India; esta última con la anuencia silenciosa de las grandes corporaciones internacionales que aprovechan la “mano de obra” económica. Es conocida la explotación infantil en la minería en Latinoamérica y África. Son innumerables los ejemplos de esclavitud actual.

Calculan que en este siglo, los esclavos son más numerosos que nunca antes en la historia. Algunos podrán argumentar que ésta práctica ha existido desde el principio de la humanidad y aún mencionar que la ley mosaica la regula. Si vemos desde este punto de vista, lo que Dios hizo, fue ponerle un manto de misericordia a una situación tan arraigada que no se podía erradicar totalmente.

Los imperios antiguos en general consideraban al esclavo una cosa, su dueño podía disponer de su vida a placer y no rendir cuentas en absoluto por el destino de su esclavo. Sin embargo un esclavo hebreo no podía ser tratado con dureza; participaba de las fiestas ceremoniales religiosas y disfrutaba del día de reposo.

»Si un hombre golpea a su esclavo o a su esclava con un palo y debido a ello el esclavo muere, el amo tendrá que ser castigado. (Éxo 21:20)

Pero el séptimo día es de descanso y está dedicado al SEÑOR tu Dios. Ese día, ningún miembro de tu casa hará trabajo alguno. Esto se refiere a ti, a tus hijos e hijas, tus siervos y siervas, tus bueyes, burros y demás animales, y también incluye a los extranjeros que vivan entre ustedes. Todos tus criados y criadas deberán descansar igual que tú. (Deu 5:14)

Con el advenimiento del cristianismo aún esta costumbre cambia y se redirecciona hacia el diseño divino en cuanto a las relaciones con el personal de servicio. El más claro ejemplo lo tenemos en la epístola que Pablo escribe a Filemón. Pablo se encuentra en prisión en Roma y allí conoce y discipula a un esclavo que había huido tiempo atrás de su amo. El nombre del esclavo es Onésimo y su amo Filemón. Pablo cree necesario sanar la relación en el marco de la nueva situación y envía al antiguo esclavo, a quien Filemón podría haber quitado la vida con al aval de las leyes del imperio, pero se encarga de dejarle en claro que no le debe recibir como esclavo sino como hermano en la fe y le pide que le trate con la misma honra con que lo trataría a él mismo.

Te suplico que le muestres bondad a mi hijo Onésimo. Me convertí en su padre en la fe mientras yo estaba aquí, en la cárcel. (Flm 1:10)

Él ya no es como un esclavo para ti. Es más que un esclavo, es un hermano amado, especialmente para mí. Ahora será de más valor para ti, como persona y como hermano en el Señor. (Flm 1:16)

Esa es la correcta relación, no ya como amo-esclavo sino como hermanos amados. Si con la llegada de las normas cristianas la esclavitud fue abolida de la mente y conducta de los hijos de Dios y son los hijos de Dios los que han estado al frente de los distintos movimientos abolicionistas a lo largo de la historia; cabe preguntarnos, ¿cuál es el rol que no está desempeñando la iglesia actual y que permite la proliferación de este flagelo? Es sabido que es la iglesia la que juzgará aún a los ángeles pero para ello tiene que estar limpia de aquello que va a juzgar. Entonces nos corresponde un examen de nuestras conductas y ver si hay algunas que nos hacen ineficientes para juzgar la creciente esclavitud moderna. ¿Estamos libres de ejercer cualquier tipo de opresión hacia quien nos sirve en cualquier área? ¿Nuestros hermanos que ejercen alguna tarea de servicio hacia nosotros son dignamente remunerados, tienen sus aportes previsionales de salud, vacaciones, salario familiar, etc. en orden? ¿Ejercemos con ellos la regla de oro o somos tacaños y pagamos ajustadamente lo que dicta la ley del hombre? Y desde el otro lado ¿Realizo mi tarea de servicio como para Dios o lo hago sin entusiasmo, administro los bienes a mi cargo con honestidad y responsabilidad, soy intachable e irreprensible en mi lugar de trabajo?

Aquellas cosas que permitimos en la iglesia nos deshabilitan para juzgar aquello sobre lo que no caminamos en rectitud. Mi hermano que trabaja para mí es mi hermano antes de ser mi empleado, mi empleador es mi hermano antes de ser mi empleador, hay un vínculo superior y al él debo remitirme.

Son los pequeños actos de justicia los que nos convierten en la sal del mundo, que nuestra sal no se vuelva insípida sino que cumpla la función para lo que se la estableció, preservar de la corrupción, donde hay corrupción hay ausencia de Iglesia y de eso se nos pedirá cuentas.

 

Por Estela Ortiz.

Max Neef: Crítica al Neoliberalismo.

El economista y ex candidato presidencial (chileno) Manfred Max Neef cuestionó la obsesión por el crecimiento que genera la economía neoliberal, misma que a su juicio es “un fracaso tremendamente peligroso y brutal” y la responsable de gran parte “de todos los horrores que estamos viviendo en el mundo”.

En una entrevista realizada por la revista En Torno, el autor de la tesis del desarrollo a escala humana afirmó que “esta economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso, no hay ningún condenado. Todos los horrores que estamos viendo en el mundo, gran parte de ellos, tienen un trasfondo que está anclado a esta visión de tratamiento y práctica económica”.

Y enfatizó que “la obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo dejé de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse. Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo, como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable”.

Para Max Neef no es un problema sin solución. Y por ello cree que la alternativa es “la visión de la economía ecológica”, ya que “a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuestas a la convencional”.

“Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, en que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres”.

Sobre este punto explicó que “la economía convencional –que es la hija de la economía neoclásica– desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descomponen, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales”.

El economista y ex rector de las universidades Bolivariana y Austral, enumeró “cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable” que debieran sustentar la economía ecológica o cualquier otro nuevo sistema económico: “El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía; dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos; tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento; cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas; y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto, el crecimiento permanente es imposible”.

“Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia a la vida. Si tú recorres estos puntos vas a ver que lo que hoy tenemos –en la economía neoliberal– es exactamente lo contrario. Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, en que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres”, concluyó.

 

Fuente: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2015/12/28/max-neef-la-economia-neoliberal-mata-mas-gente-que-todos-los-ejercitos-del-mundo-juntos-y-no-hay-ningun-acusado-no-hay-ningun-preso/